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 Educar para la construcción de una sociedad cada vez más solidaria y tolerante, más justa y respetuosa de la diversidad, más igualitaria y menos violenta, en la cual la democracia sea comprendida como un conjunto de valores que conforman un estilo de vida, un modo de resolver los conflictos que se plantean en la convivencia entre seres humanos, y de cooperar en pos del bien común, requiere el aprendizaje y desarrollo por parte de los diferentes actores institucionales de habilidades sociales.

Las habilidades para vivir son innumerables, pero existe un grupo esencial de ellas:

 Esta última habilidad, la capacidad para la resolución de conflictos, es la que se aborda en forma central desde los proyectos de mediación escolar. El propósito de éstos es promover el aprendizaje y desarrollo de las habilidades sociales en los diferentes actores institucionales, ya que uno de los requisitos para el éxito de este tipo de proyectos es la consistencia que se encuentre entre aquello que se dice y aquello que se hace. Es en este sentido que sostenemos que educar para la democracia, la paz y los derechos humanos no son sólo objetivos fundamentales para la escuela sino también el medio, el camino, el marco que debe orientar nuestras acciones.

La mediación implica la intervención de un tercero neutral, aceptable para las partes, sin poder de decisión sobre el acuerdo al que eventualmente puedan llegar y cuya función primordial es ayudarlas, mediante la conducción de un proceso básicamente comunicacional, a explorar los diversos elementos implicados en el conflicto de modo tal que puedan encontrar opciones de solución satisfactorias y acordar sobre las formas y mecanismos para llevarlas a cabo.

En el enfoque u orientación transformadora de la mediación, el conflicto es visto como una oportunidad para el crecimiento y desarrollo de las partes involucradas en dos dimensiones que se consideran fundamentales en la moral humana: la revalorización propia y el reconocimiento del otro. La primera supone desarrollar y fortalecer la capacidad para “afrontar las dificultades comprometiéndose en la reflexión, la decisión y la acción como actos conscientes e intencionales”. El segundo implica desarrollar y fortalecer la capacidad “para experimentar y expresar preocupación y consideración por los otros, especialmente por esos otros cuya situación es ‘distinta’ de la propia.(…) En el enfoque transformador, los conflictos aparecen como oportunidades de desarrollar y ejercer ambas cualidades y, por lo tanto, avanzar hacia un desarrollo moral pleno.”

 


 

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